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lunes, 16 de junio de 2008

UROBOROS


Uróboros. En la iconografía alquímica el color verde se asocia con el principio mientras que el rojo simboliza la consumación del objetivo del Magnum Opus (la Gran Obra).
El uróboros u ouroboros (del Griego "ουροβóρος") es un símbolo ancestral que muestra un gusano, una serpiente o un dragón engullendo su propia cola y formando así un círculo.
Descripción
Según la Enciclopedia Británica, el Uróboros u Ouraboros, es la emblemática serpiente del antiguo Egipto y la antigua Grecia, representada con su cola en su boca, devorándose continuamente a sí misma. Expresa la unidad de todas las cosas, las materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino cambian de forma perpetua en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación.
En algunas representaciones antiguas, el uróboros u ouroboros aparece complementada con la inscripción griega εν το παν (hen to pan), es decir el Uno, el Todo. Se asocia a la alquimia, al gnosticismo y al hermetismo. Representa la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno y otros conceptos percibidos como ciclos que comienzan de nuevo en cuanto concluyen. En un sentido más general simboliza el tiempo y la continuidad de la vida. En algunas representaciones el animal se muestra con una mitad clara y otra oscura haciendo recordar la dicotomía de otros símbolos similares como el yin y yang. En la Alquimia, el Ouroboros simboliza la naturaleza circular de la obra del alquimista que une los opuestos: lo consciente y lo inconsciente. Siendo igualmente un símbolo de purificación, que representa los ciclos eternos de vida y muerte.
El registro más antiguo de su aparición es en un libro de Alejandría, en el siglo II, que decía hen to pan, o "uno, todos". Aquí ya se lo presenta mitad blanco, mitad negro, demostrando la dualidad presente en todo.

Igualmente podemos encontrar un mito similar en la mitología nórdica, en esta mitología, la serpiente Jormungand llegó a crecer tanto que pudo rodear el mundo y apresarse su propia cola con los dientes.

La alquimia de los esotéricos.



El alquimista "real", a tenor de un número cada vez mayor de autores, no es ya el hombre que buscaba la Piedra filosofal en la soledad de su laboratorio con el fin de conseguir oro y riquezas, sino el que busca la Piedra filosofal tan sólo como medio, como el primer peldaño hacia su propia perfección.
"La manipulación del fuego y de ciertas sustancias -nos dicen Pauwels y Bergier, dos de los primeros autores modernos en llamar la atención sobre esa "otra Alquimia", aunque muchos otros ya hubieran apuntado antes estas mismas ideas en sus trabajos- permite no sólo transmutar los elementos, sino también transformar al propio experimentador. Éste, bajo la influencia de fuerzas emitidas por el crisol (es decir, radiaciones emitidas por núcleos que sufren cambios de estructura, según la terminilogía atómica) entra en otro estado. En él se operan mutaciones. La vida se prolonga, su inteligencia y sus percepciones alcanzan un nivel superior. El alquimista pasa a otro estado del ser. Se encuentra izado a otro estado de consciencia. Sólo él se siente despierto, y tiene la impresión de que todos los demás hombres siguen durmiendo. Escapa a lo humano ordinario y desaparece, después de haber tenido su minuto de verdad".
Una Alquimia externa, y otra Alquimia interna. ¿Es esta la verdadera naturaleza del Arte Alquímico? Así es, a tenor de un número creciente de autores. Y, en el futuro desarrollo de la Alquimia, hallaremos tal vez la confirmación.
La Alquimia tradicional tiene su gran desarrollo en el curso de la Alta Edad Media. Luego, nos dicen los historiadores, en el siglo XVII, la Alquimia muere. Mejor dicho, es asesinada: por la química.
Esta es una explicación excesivamente simplista... y totalmente inexacta, aunque ésta sea en líneas generales la creencia popular. La Alquimia no muere en el siglo XVII, como tampoco la química nace de sus aún calientes cenizas. En primer lugar, la Alquimia prosperará aún mucho después de esta fecha, concretamente en el siglo XVIII... y existe aún actualmente. Aunque, por supuesto, el transcurrir del tiempo marque en ella una profunda evolución.
Y, en segundo lugar, la química no es la sucesora de la Alquimia. Es, sencillamente, una rama de ésta que en su tiempo, ya suficientemente madura, de desprendió del árbol y siguió su vida propia. A partir del siglo XVII y a principios del XVIII, se produce en la Alquimia no una muerte, sino una escisión. Es el fruto natural del espíritu científico que empieza a surgir en el hombre de aquella época. El investigador de finales del siglo XVII empieza a considerar la investigación como suficiente para interesarle por sí misma, sin necesidad de otros adimentos. La química empieza a descubrir por su lado nuevos horizontes. El hombre ya no necesita del aliciente de la Piedra filosofal para adentrarse por un nuevo y desconocido camino: el simple hecho de investigar, de descubrir nuevas cosas hasta entonces ocultas, le satisface.
La pretendida muerte de la Alquimia es, por lo tanto, tan sólo un cambio de ideología en sus practicantes. Los hombres intelectualmente inquietos, los investigadores natos, que en el siglo XII y siguientes tomaron el camino de la Alquimia como único medio de satisfacer sus inclinaciones, encuentran ahora un camino más interesante en la química. La Alquimia, por lo tanto, se ve desertada por una parte de sus filas.
Pero queda la otra; la de los que emprendían el camino de la Alquimia como satisfacción a sus ideas filosóficas y cosmogónicas. durante los siglos XVII y XVIII, la literatura Alquímica es tan abundante como en los siglos anteriores; se observa, sin embargo, un profundo cambio en el contenido de sus obras. se hacen más profundas, más intelectuales... más herméticas. Sus autores empiezan a darse cuenta, más que nunca, de que no les interesan tanto los detalles de los trabajos de laboratorio como el esquema universal que se esconde tras esos ensayos. Los autores ya no se preguntan "¿cómo?", sino "¿para qué?". Quieren saber no los medios, sino las motivaciones.
Así nace la otra Alquimia. Perdón, nos expresamos mal: no nace, puesto que ya existía antes, aunque fuera en una forma subyacente; se hace evidente. Surge a la superficie, y relega a segundo término la Alquimia anterior.
El motivo base de esta inversión es evidente. Hasta entonces, ciencia y filosofía, ciencia y humanismo, iban estrechamente unidas. Es a partir de finales del siglo XVII que la ciencia se aparta del humanismo, de la filosofía y de la religión, abriéndose un camino aparte, abandonando la parte espiritual del hombre y lo que le rodea para dedicarse únicamente a la parte material. Es lógico pues que esta escisión, este abandono, traiga como reacción un florecimiento de todo lo que se relaciona a la espiritualidad y al humanismo. En Alquimia se produjo, así (aunque parezca una redundancia) una "transmutación", que la convirtió, de una técnica de laboratorio con ribetes de esoterismo, en una doctrina puramente esotérica, filosófica y hermética. Una Alquimia que no tiene ya como principal objetivo el mejorar los metales, sino el mejorar al Hombre.

EL HUEVO ALQUIMICO



Este recipiente hermético, dentro del cual ocurrirán a partir de ahora todas las transformaciones cuyas fases son descritas más o menos alegóricamente en todos los libros alquímicos (el Cuervo, el Rey y la Reina, el Hermafrodita, la Rosa roja y la Rosa blanca...) es llamado por los alquimistas el "huevo alquímico", "huevo cósmico" o "huevo filosofal", ya que, tratándose de un recipiente herméticamente cerrado, en su interior se producirán toda la serie de transmutaciones que, al igual que los cambios del embrión en el interior de un huevo, darán nacimiento finalmente a la Piedra filosofal.
La preparación, formación y "gestación" de este huevo alquímico es también larga: puede durar meses, incluso años... y puede resultar también inútil. En esta última fase de su trabajo, el alquimista debe poner un especial cuidado y atención, ya que cualquier error puede dar al traste con una labor de años. Su base de observación serán los cambios de color y apariencia de la mezcla en el interior del recipiente (llamado también por algunos autores cucúrbita, debido a su forma semejante a una calabaza), único modo de saber si las cosas marchan bien o mal. Si las cosas marchan bien, el contenido del Huevo adquirirá primero un color negro intenso, luego aparecerán en su superficie unos corpúsculos, después adquirirá un color blanco, verde y amarillo, "como la cola de un pavo real" (fase que es representada en los grabados alquímicos precisamente con la figura de un pavo real con la cola desplegada), y finalmente de un blanco deslumbrante. Este es el punto culminante. A partir de aquí, la mezcla deberá teñirse de rojo, "un púrpura tan hermoso que lo teñirá todo con su color y curará a su sola vista, cualquier corazón enfermo". El proceso habrá terminado: la Piedra filosofal será ya un hecho.
Si las cosas van mal, en cambio, los signos serán distintos dentro del Huevo: aparecerá un aceite rojizo flotando en la superficie de la mezcla, o el blanco deslumbrante final pasará al rojo con demasiada rapidez, o su solidificación será imperfecta, se fundirá como la cera al más débil calor. Entonces el trabajo habrá sido en vano. Será preciso volver a abrir el recipiente, intentar tratar la mezcla con agua mercurial, y volver a iniciar la operación en espera de una mejor suerte.


"El huevo alquímico fue otro de los simbolismos más usado por los alquimistas. De él dijo Miguel Majer: "existe un pájaro que es más sublime que todos los otros. Preocupaos únicamente de buscar su huevo, y al hallarlo, cortadlo con una espada flamígea".

LA SEÑAL


La Señal. He aquí el momento más importante del que nos hablan todos los alquimistas. La naturaleza de esta señal no es aclarada de un modo completo en los textos, pero sí dicen todos ellos que cualquier alquimista sabrá reconocerla en el momento en que se produzca. Algunos libros nos hablan de la formación de cristales en la superficie de la mezcla: "unos hermosos cristales en forma de estrella". Pero la mayoría nos hablan de una señal más impresionante y espectacular: "En la superficie de la mezcla se formará una capa oscura. Esta capa se desgarrará en un determinado momento, y dejará ver bajo ella el metal luminoso de los alquimistas, un metal en el que parecerán reflejarse todas las estrellas del firmamento".
El alquimista sabrá entonces que va por buen camino... pero su trabajo aún no habrá terminado. El metal brillante debe ser retirado de su crisol, y es preciso entonces dejarlo "madurar", encerrándolo en un recipiente hermético, lejos del aire y de la humedad. Se inicia entonces la tercera fase de las operaciones, en la que hay que alcanzar en la mezcla primeramente el "estadio de putrefacción" (es decir, que la mezcla adquiera un color negruzco, llamado "ala de cuervo"), y más tarde el "estadio de resurrección" (es decir, que adquiera un color blanco). Todo esto se consigue calentando cuidadosa y progresivamente el recipiente hermético dentro del atanor. Pero hay, que tener gran cuidado en esta última fase, ya que si el calor es excesivo o su graduación no es la adecuada, el recipiente puede estallar, liberando entonces una desusada energía. Esta es la explicación de algunas de las terroríficas explosiones que se han registrado en determinados laboratorios alquímicos, y que han recogido las crónicas de todas las edades...

LA ALQUIMIA HOY



La Alquimia, pues, no ha muerto. Aunque ahora ya no se hable públicamente de ella, sigue existiendo. Por supuesto, sí ha muerto una parte determinada de la Alquimia, la Alquimia exotérica, superada por el avance de la ciencia y del conocimiento de la Naturaleza. Era natural, y ha servido para purificar el Arte: los falsos alquimistas, que eran a la larga quienes hacían más ruido, murieron por sí mismos al derrumbarse las ideas que les permitían sobrevivir. Nadie podría engañar ya hoy a ningún incauto con una pretendida Piedra filosofal capaz de convertir los metales en oro, cuando se les puede engañar mucho más fácilmente con una sencilla "máquina de hacer dinero". La medicina ha hundido el mito de la eterna juventud, mejor dicho, le ha dado unos cauces más racionales... aunque los charlatanes sigan vendiendo aún drogas y elixires a los campesinos. Y la técnica, finalmente, ha hecho innecesaria la existencia de un Disolvente universal.
Pero los verdaderos alquimistas guardaron siempre en secreto su condición de tales... y tal vez la sigan guardando aún. ¿Qué sabemos realmente de ellos? ¿Estamos seguros de que, ocultos en algún sótano, en la intimidad de su hogar, los alquimistas modernos no sigan aún trabajando en pos de sus quimeras... unas quimeras que no sean en realidad tales?
¿Qué buscan estos nuevos alquimistas? No el oro, superado ya en una civilización que lo ha relegado a un lugar casi honorífico. ¿Otros metales de desconocidas propiedades? Tal vez. Se nos dice que Fulcanelli logró obtener en el curso de sus operaciones una serie de metaelementos completamente desconocidos para la química contemporánea. Esto ocurría en 1937. Actualmente, algunos de nuestros investigadores han conseguido obtener algunos de estos metaelementos: el positronium, los átomos muónicos, a costa de grandes dispendios de energía, y logrando tan sólo algunos corpúsculos inestables, de ínfima vida. ¿Había logrado Fulcanelli más? A juzgar por los indicios, sí.
¿Cómo son los alquimistas de hoy en día? Pauwels y Bergier los describen como "hombres que leen los tratados de física nuclear, pero que tienen por cierto que las transmutaciones y los demás fenómenos alquimistas todavía más extraordinarios pueden lograrse por medio de manipulaciones y con la ayuda de un material relativamente simple". Una ciencia nuclear llevada a cabo con algo no más complejo que una batería de cocina. ¿Es esta la Alquimia de hoy día?
O tal vez esto sea tan sólo un medio, puesto que los logros de los alquimistas no trascienden nunca al público. "No nos cansaremos de repetir -siguen diciendo Pauwels y Bergier- que, para el alquimista, el poder sobre la materia y la energía no es más que una realidad accesoria. El verdadero fin de las operaciones de alquimia es la transformación del propio alquimista, su ascenso a un estado de conciencia superior. Los resultados materiales sólo son promesas de un resultado último, que es espiritual. Todo tiende a la transmutación del hombre mismo, a su divinación, a su fusión en la energía divina fija, de la cual irradian todas las energías de la materia". Frases con las que se complementan muy bien estas otras, pertenecientes a otro gran teórico, Teilhard de Chardin: "La verdadera física es la que logrará integrar al hombre Total en una representación coherente del mundo que le rodea".

ESPLENDOR DE LA ALQUIMIA


Nos hallamos ya en el siglo XII, época en que la Alquimia empieza a desarrollar su máximo esplendor. La Alquimia llega a Europa a través de dos grandes caminos: Bizancio y el Islam. Pero son los árabes principalmente los que, a través de sus traducciones, y por el camino de España, llevarán la Alquimia, al igual que otras muchas artes mágicas, a su máximo esplendor en todo el Continente.
En el siglo XII, la Europa occidental empieza apenas a descubrir la civilización científica: por aquel entonces, la física y la química eran casi desconocidas, la astronomía y paralelamente a ella las matemáticas se hallaban apenas en su primer escalón, la medicina era natural y puramente empírica. En su desarrollo cultural, a partir del siglo XII, Europa se nutriría casi exclusivamente del saber islámico, tanto en el campo científico como en el humanístico. De traducciones de libros árabes (realizadas principalmente en las "escuelas de traductores", como la famosa escuela médica de Salerno en Italia y la no menos conocida de Toledo en España), nacieron las bases de casi todo el saber medieval. Es curioso, a este respecto, hacer notar que la mayor parte de estas traducciones no eran efectuadas por los mismos árabes, que no sabían latín, ni por los europeos, que no conocían el árabe; para su realización se buscaron otros traductores: Los judíos, que habían asimilado ambas lenguas. De nuevo, pues, la tradición hebrea se une a toda la tradición medieval, dejando en todos los campos del saber su huella como intermediarios de la cultura.
De este modo llega, con todas las demás artes, la Alquimia a Europa. ¿Quienes son sus primeros practicantes? Ante todo hay que señalar que la práctica de la Alquimia no era un arte que estuviera al alcance de todo el mundo. La Alquimia no podía uno aprenderla por sí mismo: era preciso estudiarla, leer los antiguos tratados... y para ello era imprescindible saber leer y escribir. En el siglo XII y siguientes, la mayor parte de la población era analfabeta, y solamente los hombres de ciencia y los grandes señores tenían una cultura superior a la primaria. Por otro lado, la cultura se hallaba en su mayor parte encerrada en los monasterios.
No es nada de extrañar, pues, que los primeros trabajos alquímicos realizados en Europa se hicieran en los monasterios, a manos de monjes y clérigos. El hecho queda probado por las numerosas órdenes eclesiásticas que aparecieron durante este tiempo prohibiendo tajantemente la práctica de la Alquimia en el interior de los monasterios... hecho que señala de una manera absoluta el que sí se practicaba la Alquimia en ellos.

EL INSTRUMENTAL ALQUIMICO



Es en Grecia donde la Alquimia empieza a adquirir algunas de sus características que más tarde se harán definitivas. Una de ellas, la primera y más importante, es el proceso de destilación. Hasta los primeros alquimistas griegos, la destilación era algo completamente desconocido en el mundo. La primera descripción de un alambique que ha llegado hasta nosotros se atribuye a uno de los primeros alquimistas femeninos conocidos, María la Judía, y es citado a su vez por otro de los alquimistas más célebres de la antigüedad, Zósimo, gracias a cuyos escritos ha llegado hasta nosotros buena parte de la Alquimia griega. Este aparato (que esencialmente no sufrió ninguna variación hasta 1860) nos es descrito por Zósimo como un alambique de tres brazos, cuya utilidad (la de los tres brazos) no ha quedado aún suficientemente aclarada, ya que no estriba en la selección de los productos destilados, y se ignora cualquier otra posible aplicación. De todos modos, el alambique de tres brazos o tribikos fue muy usado a lo largo de los años por todos los alquimistas, al igual que el más normal de dos brazos o dibikos. A María la Judía se le atribuyen también otros varios inventos alquímicos, como son el método de calentar una sustancia mediante vapor de agua (método que en muchos países se conoce aún por "baño de maría"), y el Kerotaxis.



El atanor es el instrumento básico del alquimista. Es un horno, pero se le conoce por atanor, ya que proviene del árabe al-tannur, que significa precisamente eso, "el horno". El horno alquímico, según la descripción que de él nos hace el alquimista Geber, ha de ser "cuadrado, de cuatro pies de longitud, tres de anchura, y un grosor de medio pie en las paredes". Los materiales a calcinar deben ser colocados dentro del horno en cazuelas de arcilla lo más resistentes posible,"como la arcilla que se emplea para la formación de crisoles, a fin de que puedan resistir la fuerza del fuego, incluso hasta la combustión total de la cosa a calcinar".



Estos dos instrumentos básicos de las operaciones alquímicas no eran sin embargo los únicos. Para llevar a cabo su Gran Obra (es decir, la obtención de la Piedra Filosofal), el alquimista debía cumplir numerosas operaciones distintas, entre las cuales las más importantes eran la calcinación, la sublimación, la fusión, la cristalización y la destilación, para las cuales necesitaban de un heterogéneo instrumental, que según el inventario de algunos alquimistas comprendía más de ochenta aparatos distintos: hornos, lámparas, baños de agua y de ceniza, camas de estiércol, hornos de reverbero, ollas de escoria, crisoles, platos, vasos, jarras, frascos, redomas, morteros, filtros, cazos, coladores, batidores, alambiques, sublimadores... sin contar una serie de aparatos auxiliares como tenazas, soportes, etc. Y todos estos utensilios eran de fabricación realmente casera, ya que no existía en aquel tiempo una industria capaz de surtir al alquimista de todo su complejo arsenal.



El alquimista, pues, debía diseñar por sí mismo su instrumental, basándose para ello en las descripciones de los mismos aparatos que hallaba en los libros antiguos.



Por otro lado, y por motivos que veremos más adelante, el alquimista debía tener buen cuidado en escoger a quien debía hacerle los instrumentos, ya que los recelos y la codicia eran muchos y no todo el mundo merecía confianza.


El Kerotaxis era un aparato usado para tratar los metales con vapores de otros metales, ácidos u otras sustancias, operación importante dentro del conjunto de labores alquímicas.

En la parte inferior del instrumento se colocaba la sustancia vaporizable; en el centro, la paleta propiamente dicha, conteniendo el metal que debía ser atacado por los vapores. Bajo la acción del calor, la sustancia desprendía sus vapores, una parte de los cuales atacaba el metal, mientras que el resto se condensaba en la parte superior del aparato, resbalando por las paredes de nuevo hacia la parte inferior y volviendo a reanudar el ciclo, con lo cual se establecía un flujo continuo de vapores.

lunes, 9 de junio de 2008

QUE ES LA ALQUIMIA

La alquimia (del árabe الكيمياء al-khimia) es una antigua práctica protocientífica y disciplina filosófica que tenía por objeto ensalzar la naturaleza inmunda librándola de sus impurezas por el arte del fuego. Combina elementos de lo que hoy son la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte. La alquimia fue practicada en Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Persia, la India y China, en la Antigua Grecia y el Imperio Romano, en el Imperio Islámico y después en Europa hasta el siglo XIX, en una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos que abarca al menos 2.500 años.

La alquimia occidental ha estado siempre estrechamente relacionada con el hermetismo, un sistema filosófico y espiritual que tiene sus raíces en Hermes Trimegisto, una deidad sincrética grecoegipcia y legendario alquimista. Estas dos disciplinas influyeron en el nacimiento del rosacrucismo, un importante movimiento esotérico del siglo XVII. En el transcurso de los comienzos de la época moderna, las teorías que disentían de la alquimia fueron conformando el cuerpo de lo que hoy conocemos como química. La alquimia nunca evolucionó hacia la química, como generalmente se cree, la alquimia permaneció siendo tal cual era, un arte hermético.

Actualmente es de interés para los historiadores de la ciencia y la filosofía, así como por sus aspectos místicos, esotéricos y artísticos. La alquimia fue una de las principales precursoras de las ciencias modernas, y muchas de las sustancias, herramientas y procesos de la antigua alquimia han servido como pilares fundamentales de las modernas industrias química y metalúrgica.

La alquimia en la cultura popular es citada con mayor frecuencia en novelas, películas y espectáculos resumido al proceso usado para transformar plomo (y otros metales) en oro. Otra de las metas de la alquimia es la búsqueda de la piedra filosofal, con la que lograr la habilidad para transmutar las substancias impuras en su forma más perfecta, oro en la naturaleza metálica y la vida eterna en la naturaleza animal.


La percepción actual y de los últimos siglos sobre los alquimistas, es que eran charlatanes que intentaban convertir plomo en oro, y que empleaban la mayor parte de su tiempo elaborando remedios milagrosos, venenos y pociones mágicas.
Fundaban su ciencia en que el universo estaba compuesto de cuatro elementos clásicos a los que llamaban por el nombre vulgar de las sustancias que los representan, a saber: (tierra, aire, fuego y agua) y con ellos preparaban un quinto elemento que contenía la potencia de los 4 en su máxima exaltación y equilibrio.

La mayoría eran investigadores cultos, inteligentes y bien intencionados, e incluso distinguidos científicos, como Isaac Newton y Robert Boyle. Estos innovadores intentaron explorar e investigar la naturaleza misma. La base es un conocimiento del régimen del fuego y de las substancias elementales del que tras profundos meditaciones se pasa a la práctica, comenzando por construir un horno alquímico a menudo las carencias debían suplirse con la experimentación, las tradiciones y muchas especulaciones para profundizar en su arte.

Para los alquimistas toda substancia se componía de 3 partes: mercurio, azufre y sal siendo estos los nombres vulgares que comúnmente se usaban para designar al espíritu, alma y cuerpo, estas 3 partes eran llamadas principios. Por manipulación de las susbstancias y a través de diferentes operaciones, separaban cada una de las 3 partes que luego debían ser purificadas individualmente cada una de acuerdo al régimen de fuego que le es propicia, la sal con fuego de fusión y el mercurio y el azufre con destilaciones recurrentes y suaves. Tras ser purificadas las 3 partes en una labor que solía conllevar mucho tiempo y que debían vigilarse los aspectos planetarios las 3 partes debían unirse para formar otra vez la sustancia inicial. Una vez hecho todo esto la sustancia adquiría ciertos poderes.

Los aprendices de alquimistas, a lo largo de la historia de la disciplina, se esforzaron en entender la naturaleza de estos principios y encontraron algún orden y sentido en los resultados de sus experimentos alquímicos, que a menudo eran socavados por reactivos impuros o mal caracterizados, falta de medidas cuantitativas y nomenclatura hermética. Esto motivaba que muchos después de años de intensos esfuerzos acabaran arruinados y maldiciendo la alquimia. Los aprendices por lo general debían empezar por trabajar en el reino vegetal hasta dominar el régimen del fuego, las diversas operaciones y el régimen del tiempo.

Los alquimistas para diferenciar las substancias vulgares de aquellas fabricadas por el arte alquímico que siendo designadas por el mismo nombre de acuerdo a alguna de sus propiedades, procedían a usar el apelativo de 'filosófico' ó 'nuestro'. Así se hablaba de 'nuestra agua' para diferenciarla del agua corriente, pero a lo largo de los textos alquímicos se asume que el aprendiz ya sabe diferenciar una de otra y en ocasiones explícitamente no se usa, ya que de acuerdo al arte hermético 'no se deben dar perlas a los cerdos', razón por la que muchos fracasaban en seguir al pie de las letras las diferentes 'recetas'. La "iluminación' sólo se alcanzaba tras arduos años de riguroso estudio y experimentación. Una vez el aprendiz lograba controlar el fuego, el tiempo de los procesos y los procesos mismos en el reino vegetal estaba listo para acceder a los arcanos mayores, esto es, los mismos trabajos en el reino animal y mineral. Sostenían que la potencia de los remedios era proporcional a cada naturaleza.

Las trabajos de los alquimistas se basaban en las naturalezas, a cada reino le correspondía una meta. Al reino mineral la transmutación de metales vulgares en oro o plata, al reino animal la creación de una «panacea», un remedio que supuestamente curaría todas las enfermedades y prolongaría la vida indefinidamente. Todas ellas eran el resultado de las mismas operaciones donde lo que cambiaba eran la materia prima, la duración de los procesos y la vigilancia y fuerza del fuego. Una meta intermedia era crear lo que se conocía como menstruo y que lo que ofrecía era multiplicación de si mismo por inmersión de otras substancias semejantes en fusión/disolución (según su naturaleza) con estas. De modo que se conseguían tanto la generación como la regeneración de las substancias elementales. Estos no son los únicos usos para esta ciencia, sí son los más conocidos y mejor documentados. Desde la Edad Media, los alquimistas europeos invirtieron mucho esfuerzo y dinero en la búsqueda de la piedra filosofal.